No dormirse en los laureles

10/03/2013 19h51

 

       A partir del texto de Jorge Forbes  “¿O que esperar de um analista?”  he desarrollado una serie de reflexiones que expongo en los términos que siguen; apunto a situarme en esa perspectiva y a dialogar con su modo de caracterizar el problema producido por ciertos sectores del ambiente del psicoanálisis lacaniano que hacen abusivo uso de una jerga cerrada. Esa práctica de cenáculo hace peligrar la vida del psicoanálisis en las grandes ciudades y provoca que aquellos que pueden recurrir a él para abordar sus conflictos, opten por otros dispositivos mejor promocionados, que los alejan de una cura centrada en la palabra con promesas de  recetas mágicas y de corto plazo.

      “Más allá del Complejo de Edipo” es una consigna necesaria en los tiempos que corren donde el contexto social y político es muy distinto al momento en que Freud creó el psicoanálisis y Lacan hizo sus relecturas de sus obras.

      Siglo XXI, nuevo paradigma. Es necesario  pensar sobre la ética de nuestro tiempo y esto nos lleva a cuestionar los principios morales dominantes.

        De acuerdo con el artículo de Forbes es posible afirmar que el psicoanálisis del siglo XXI está orientado hacia lo real. Según el autor ya no nos referimos a un sujeto encaminado por los grandes ideales del siglo XX. En ese período, era frecuente que el conflicto estuviese centrado en un sujeto traumatizado, endeudado, con un padre todavía consistente, aunque esa postura aparecía en franca declinación. Ya lo señalaba Lacan en los distintos momentos de su obra.

         Desde su posición, el sujeto de hoy es alguien sorprendido por la tyché y ya no navega en las quietas aguas del automaton.

         Estos dos términos griegos fueron concebidos por Aristóteles en sus especulaciones filosóficas sobre las causas.

         Tyché es la sorpresa de un buen encuentro, llamada “fortuna” en latin.  Automaton es lo que siempre ocurre de la misma manera, el equilibrio automático sin nuestra intervención.

         En este nuevo siglo se impone un acercamiento a la filosofía nietzschiana y al pensamiento de Lyotard. Dios ha muerto y no hay grandes  relatos que sostengan los grandes ideales de la modernidad. Pensar un cambio de paradigma también implica pensar una transvaloración.

         Los textos de Nietzsche La genealogía de la moral, Más allá del bien y del mal y Sobre verdad y mentira en sentido extramoral,  me guían para pensar esta nueva época desde otro punto de mira.

          “…Es mejor que renuncie quién no puede unir a su horizonte la subjetividad de su época” dice Lacan en Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis.

            Retomado el principio de mi trabajo señalo que en el ambiente del psicoanálisis lacaniano se repiten muchas frases  relevantes de los grandes maestros pero se las complica con expansiones de una manera críptica. Esta circunstancia se agrava porque, además,  la experiencia de esos analistas deja mucho que desear.

            Es muy fuerte la pasión por la “instrumentalización”.  Este término lo tomo de un  excelente artículo llamado “La seducción totalitaria” del psicoanalista  Contardo Calligaris en el que expone este asunto a partir de un investigación que hace sobre el arquitecto de Hitler, Albert Speer. Callegaris señala que Speer, sabiendo muy bien de la existencia de los campos de exterminio como otros burócratas nazis, sentía felicidad no por hacer el mal sino por el deber cumplido, es decir la pasión por la obediencia les daba la certeza del saber paterno y dando consistencia al Otro sentían que podían evitar el coraje de existir sin garantías.

            Muchas veces el neurótico (psicoanalista o no) da su vida por esta pasión. Ser instrumento para el Otro. Y si el Otro no existe se lo inventa y encima se lo hace consistente. Ir más allá del padre requiere de coraje y decisión porque en esas aguas no hay certeza, solo angustia, sorpresa, invención y responsabilidad, como dice Forbes.

          Por eso insisto en esta manera de pensar la ética y también la felicidad. Soportar la duda, la inconsistencia, el no saber. La propia extrañeza. La falta de garantías. Tal vez esta manera de vivir la felicidad se acerca más a la idea del superhombre nietzschiano.

           Lo que nos aporta el pensamiento de Forbes y su manera de transmitir los conceptos psicoanalíticos consiste en el desmontaje de las frases hechas y los discursos cerrados que muchos psicoanalistas tienen. Forbes plantea poder hablar a los ciudadanos para que ellos tengan la opción de hacer algo más bello y singular con sus vidas o con sus síntomas. Ésta es la ética del psicoanálisis.

            Si el psicoanálisis no sale a la calle y sigue encerrado en grupos  de iniciados, otros dispositivos ofrecerán a las personas desorientadas  adaptarse al formato de vida estandarizado que empieza a dominar en las instituciones de la Salud Mental promovidas por el Estado (hospitales, prepagas, obras sociales, clínicas privadas, etc.).

            Es una buena idea dejar de hablar con palabras difíciles, dejar de repetir lo que otros dicen, hablar en la plaza. Llegar a todos los ciudadanos parece el camino más difícil para muchos psicoanalistas. Hablar para que el Otro apruebe lo que decimos es no decir nada.

           Celebro que muchos psicoanalistas como Jorge Forbes en Brasil se propongan  esa tarea, antes de que sea tarde.

 

                                       Lic. Patricia Gorocito

                                       Facultad de Psicología

                                       Universidad de Buenos Aires (UBA)

                                       Argentina